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Los campos teuladinos duermen un largo sueño durante el invierno, tranquilos
y reposados, esperando la llegada de lluvias qua sazonen sus tierras y
estallen en una primavera llena de promesas.
A los trabajos de poda y labranza se continuará con las primeras labores de
enzufrado, sulfatado y otros que preparen la viña para el verano
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El verano teuladino, llegado por san Juan, acelera los trabajos del campo
para dejar a punto el fruto de las viñas. El verde de los pámpanos, de los
granados o de los olivos se combinan en una sinfonía perfecta que ofrecen su
espléndido marco al dorado moscatel, rey indiscutible del paisaje.
La recompensa de todo un año de esfuerzos está a la mano, con la ayuda del
buen tiempo estival que habrá de acompañar.
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